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El dato como materia: Visualización

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Señala Manovich:

¿Qué clase de imágenes resultan adecuadas para las necesidades de una sociedad de la información global e interconectada? Una sociedad que en todos sus ámbitos necesita representar más datos, más capas, niveles con más conexiones que la sociedad industrial que la precedió. En la que los sistemas complejos se han vuelto supercomplejos ; con una amplia disponibilidad de información en tiempo real procedente de servicios de noticias, redes de sensores, cámaras de vigilancia. Todo esto plantea nuevas exigencias a las imágenes que la cultura humana ha desarrollado hasta ahora, y en última instancia requiere la creación de un nuevo tipo de imágenes.[1]  

Las masas de datos son estructuras tan complejas y vastas que quizás la mejor manera de hacer comprender a todo el mundo las relaciones entre sus elementos y de revelar los patrones de significado que ocultan no sea con palabras.

Los mapas, la señalética y los gráficos estadísticos han sido formas tradicionales de dar una dimensión visual a las relaciones entre elementos concretos.

Pero desde que generamos y recopilamos más montañas de datos, y lo hacemos casi en tiempo real, necesitamos sistemas que los representen y muestren dinámicamente las respuestas que ocultan.

Así ha nacido el arte y la ciencia de la visualización de datos.

En los últimos años -en buena parte gracias al impulso de los artistas que trabajan en la encrucijada entre arte, ciencia y tecnología- las estrategias y estéticas de la visualización de datos se han introducido paulatinamente en ámbitos culturales cada vez más amplios.

Como ha planteado Lev Manovich, la base de datos se está convirtiendo en la próxima forma cultural en ascendencia. La representación dinámica de flujos de información está teniendo también lugar sobre otras superficies: en la ciudad, en las grandes fachadas utilizadas como “medios” que transforman los edificios en arquitectura “líquida”, en permanente cambio; en el diseño de espacios, donde la iluminación se empieza a hibridar con los sistemas de representación de datos.

La creación de una nueva clase de imágenes que permita interpretar de manera intuitiva toda esta complejidad y, a modo de mapa, consiga que de esta masa de información extraigamos una comprensión profunda, es uno de los mayores desafíos que pueden abordar los creadores contemporáneos.[2]

La visualización de datos dinámicos es, junto con la interfaz de usuario gráfico, las bases de datos, el espacio navegable y la simulación, una de las formas culturales realmente nuevas que los ordenadores han hecho posible. Por medio del ordenador podemos visualizar conjuntos de datos; crear visualizaciones dinámicas (es decir, animadas e interactivas), introducir datos en tiempo real, etc.

El término visualización sirve para describir las situaciones en las que unos datos cuantificados, que no son visuales en sí mismos (el resultado de sensores meteorológicos, la conducta del mercado de valores, el conjunto de direcciones que describen la trayectoria de un mensaje a través de una red de ordenadores, etc.), se transforman en representaciones visuales.

En los últimos años el mapeado de datos se ha establecido como una de las áreas más importantes en el arte con nuevos medios, y ha atraído la energía de algunos de los mejores integrantes del campo.


[1] MANOVICH Lev La visualización de datos como nueva abstracción y antisublime 2008  PDF en web: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3018359

[2] DE VICENTE, José Luis, URL  texto completo en:  http://medialab-prado.es/person/joe_luis_de_vicente

En cierto sentido, la abstracción modernista era anti-visual, reducía la diversidad de la experiencia visual cotidiana a estructuras mínimas y repetitivas (Mondrian vuelve a ser un buen ejemplo). La visualización de datos suele utilizar la estrategia contraria: los mismos conjuntos de datos dan lugar a variaciones de imágenes infinitas (pensemos en los muchos plug-ins disponibles para utilizar con programas de reproducción de música, como iTunes, o en los clientes de Carnivore). Así pues, la visualización de datos se mueve desde lo concreto hacia lo abstracto, para volver de nuevo a lo concreto. Los datos cuantitativos se reducen a sus patrones y estructuras, pero éstas después explotan en muchas imágenes visuales ricas y concretas. Otra diferencia importante es una cualidad nueva de la visualización de datos que podríamos llamar “reversibilidad”. Una vez que Mondrian, Delaunay, Picasso y otros pintores modernos reducían en sus cuadros la realidad sensible y concreta a esquemas abstractos, el espectador no podía recuperar esta realidad haciendo clic en el cuadro.

En otras palabras, esta reducción sólo operaba en un sentido. Pero en el caso de muchas imágenes de visualización de datos, el usuario puede interactuar con la visualización para obtener más información sobre los datos que generaron la imagen, evocar otras representaciones de esos datos o, simplemente, acceder a ellos directamente.

Algunas obras:

 Anemone, de Benjamin Fry, presenta una estructura de aspecto orgánico en continuo crecimiento que está dirigida por la estructura de una página web en particular y las estadísticas de acceso de ésta. En la vista predeterminada, no hay ninguna etiqueta ni texto que acompañe la visualización, por lo que una imagen fija de ésta podría pasar a primera vista por una típica pintura abstracta moderna, en el género de la abstracción orgánica. Sin embargo, en cualquier momento, el usuario puede hacer clic en cualquier parte de la estructura  móvil para revelar las etiquetas que explican qué es lo que representa esa parte. La visualización es reversible, es decir, permite que el usuario regrese a los datos que dieron lugar a la visualización.

Anemone es como un organismo; cuando una página es visitada por primera vez, una rama empieza a brotar, movida por una regla de crecimiento, y las áreas que no se usan se van atrofiando, llegando incluso a desaparecer. Las áreas relacionadas se acercan guiadas por reglas de movimiento. Al final de cada rama se encuentra una página web. Cada vez que un usuario visita la página, ésta se vuelve algo más gruesa, de forma que las páginas más visitadas son muy gruesas comparadas con las poco visitadas.

Rafael Lozano Hemmer (México, 1967) es un artista reconocido por sus intervenciones interactivas en espacios públicos. Sus instalaciones utilizan tecnologías como la robótica, proyecciones, sensores y redes de comunicación para interrumpir la homogeneización urbana con plataformas para la participación.

En su obra Pulse Park muestra un ejemplo interesante de la transformación de datos biológicos en ritmos de luz que se inscriben en un espacio público. La visualización en este caso toma una escala pública y monumental. Está compuesta por una matriz de rayos lumínicos, y los focos que los producen están colocados en el óvalo de Madison Square Park. Su intensidad es modulada por un sensor que mide la frecuencia cardiaca de los usuarios, y el resultado es la visualización de signos vitales en un contexto de escala urbana. En Pulse Park los visitantes nocturnos del parque tienen su actividad cardiaca registrada por una escultura/sensor instalada en uno de los extremos del óvalo. Estos ritmos biométricos son trasladados a una interface que los convierte en pulsos de rayos lumínicos, los cuales se mueven secuencialmente por filas de luces colocadas alrededor del perímetro del óvalo y cambian cada vez que un participante toca la escultura/sensor.

El resultado es una expresión poética y abstracta de los signos vitales y la consecuente transformación de un espacio público en un espacio vivo, participativo, con dos elementos : la luz y el movimiento.

Santiago Ortiz (Bogotá, Colombia, 1975)  es matemático, investigador y creador de interfaces digitales de conocimiento, y explora las posibilidades de creación y narración colectiva en Internet. Es socio fundador de Bestiario, donde dirige un equipo de investigación de metodología transdisciplinar sobre redes sociales, información compleja e interactividad y visualización de datos. Hemos visto en un capítulo anterior cómo en su texto Narrativa, vida arte código manifiesta la importancia fundamental que tiene la programación en su trabajo. Su obra Atlas del espectro electromagnético[1] fue diseñada y desarrollada por Bestiario, con Irma Vila y José Luis de Vicente para el AV Festival (New Castle) y el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).

 

 El Atlas del Espacio Electromagnético es una visualización interactiva del espectro electromagnético y, al mismo tiempo, una base de datos de intervenciones sociales y artísticas desarrolladas durante las últimas décadas que emplean tecnologías de radio. Los proyectos están catalogados según las frecuencias que éstos ocupan.

El concepto subyacente en la obra es una reflexión sobre el espacio electromagnético, al que rara vez prestamos atención, a pesar de que seríamos incapaces de vivir sin él. Desde las rutas marítimas o aéreas hasta las previsiones meteorológicas, pasando por las cadenas de suministro de cualquier producto a los medios de comunicación, cada vez más cosas descansan sobre nuestra capacidad de hacer circular señales por el espacio electromagnético que se sitúa entre los tres kilohercios y los trescientos gigahercios. Un espacio que, al menos en teoría, es extremadamente escaso y precioso.

¿Queremos tecnologías que nos permitan ser agentes participativos o sólo consumidores? ¿Podemos seguir atados a un modelo administrativo que se diseñó para la era de la TV, ahora que todos somos, en mayor o menor medida, emisores? Resulta esencial llamar la atención sobre la necesidad de que se debatan públicamente las políticas que determinan el uso y la función social del espacio radioeléctrico, en un momento en que sus beneficios sociales podrían ser mayores que nunca. Artistas, diseñadores y activistas están siendo los primeros en declarar que la regulación del espectro no es algo que debiera interesar sólo a los ingenieros de telecomunicaciones o los reguladores de la industria: es un asunto que necesita ser asumido por la sociedad civil.

Otro ejemplo de visualización interesante es el trabajo Untitled Browser, (2004), de Moises Mañas (España 1973). Esta obra forma parte de una serie donde Mañas plantea reflexiones sobre el resultado de las acciones del usuario que provocan la desaparición de la imagen. Untitled Browser, presentado en la exposición Congratulation we lost the image de la Galería Rosa Santos de Valencia en marzo del 2004, es un navegador de páginas web experimental programado en lenguaje C++ para sistemas Windows. El usuario puede introducir en el campo de texto principal la dirección de Internet (URL) deseada. Una vez éste se conecta al servidor de esa URL, descarga la página de la petición y calcula su peso en bytes. La cifra resultante de la consulta y descarga se representa en una relación Byte/píxel, por lo que cada byte descargado se convierte en un píxel rojo que se sitúa rítmica y aleatoriamente en el espacio de la pantalla. Éstos se encuentran unidos con el anterior, convirtiéndose esta página, a través del filtro de nuestro navegador, en una trama lineal de descarga. La supuesta representación del propio site, con sus fotos y textos que deberían aparecer en otro navegador comercial, aquí no es igual. Hemos hecho el mismo ejercicio que haríamos con cualquier otra herramienta de búsqueda, pero en este caso la solución es inversa. No desaparece su representación, sino que aparece, se conexiona y fluye sonoramente, ya que, dependiendo de la situación que ocupa el píxel en la pantalla, crean una nueva matriz de sonidos. Esa descarga, como imagen de la transacción, se convierte en composición sonora, un resimulacro de la propia apariencia on line de lo que vemos; en definitiva, un modelo de visualización de datos.

Thorbjørn Lausten (Dinamarca, 1945) es uno de los referentes artísticos de su país. Desde la década de los 60 está enrolado en diferentes líneas experimentales en arte. Realiza su primera construcción cinética en 1970, y tres años más tarde su escultura electrónica Pointany-X. Desde ese momento, la electricidad y la luz se vuelven elementos inseparables en su obra.

Sus exploraciones de las conexiones entre luz, tiempo y espacio, y sus experimentos con diferentes fuentes lumínicas lo convierten en uno de los pioneros del cruce entre arte y ciencia.

En MAGNET, el encuentro entre dato y arte está explorado haciendo hincapié en la fuerza electromagnética y la meteorología, cuyos datos se reciben por la vía de Internet y se visualizan en grandes videoproyecciones, en forma de imágenes abstracto geométricas que responden a las cambiantes cifras.

 

Written by Cristina Ghetti

28 agosto, 2010 a 15:28

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